artillería, que ya he dicho otra vez que llevan dos arrobas á cuestas é andan con ellas cinco leguas; y tambien les demandó cincuenta principales hombres de guerra que fuesen con nosotros.
Estando desta manera para partir, vino de la Villa-Rica un soldado con una carta del Escalante, que ya le habia mandado otra vez Cortés que fuese á la villa para que le enviase otros soldados, y lo que en la carta decia el Escalante era que andaba un navío por la costa, y que le habia hecho ahumadas y otras grandes señas, y habia puesto unas mantas blancas por banderas, y que cabalgó á caballo con una capa de grana colorada porque lo viesen los del navío; y que le pareció á él que bien vieron las señas, banderas, caballo y capa, y no quisieron venir al puerto; y que luego envió españoles á ver en qué pareja iba, y le trujeron respuesta que tres leguas de allí estaba surto, cerca de una boca de un rio; y que se lo hace saber para ver lo que manda.
Y como Cortés vió la carta, mandó luego á Pedro de Albarado que tuviese cargo de todo el ejército que estaba allí en Cempoal, y juntamente con él á Gonzalo de Sandoval, que ya daba muestras de varon muy esforzado, como siempre lo fué.
Este fué el primer cargo que tuvo el Sandoval; y aun sobre que le dió entónces aquel cargo que fué el primero, y se lo dejó de dar á Alonso de Ávila, tuvieron ciertas cosquillas el Alonso de Ávila y el Sandoval.
Volvamos á nuestro cuento, y es, que luego Cortés cabalgó con cuatro de á caballo que le acompañaron, y mandó que le siguiésemos cincuenta soldados de los más sueltos, porque Cortés nos nombró los que habiamos de ir con él; y aquella noche llegamos á la Villa-Rica.
Y lo que allí pasamos diré adelante.