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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO CVIII.

mandaria aplacasen con sacrificios, é que no seria con muertes de hombres.

Y con esta tan alborotada plática se despidió Cortés del Montezuma, y estábamos todos con grande congoja, esperando cuándo habian de comenzar la guerra.

Luego Cortés mandó llamar á Martin Lopez y Andrés Nuñez, y con los indios carpinteros que le dió el gran Montezuma; y despues de platicado el porte de que se podrian labrar los tres navíos, le mandó que luego pusiese por la obra de los hacer é poner á punto, pues que en la Villa-Rica habia todo aparejo de hierro y herreros, y jarcia y estopa, y calafates y brea; y así, fueron y cortaron la madera en la costa de la Villa-Rica, y con toda la cuenta y galivo della, y con buena priesa comenzó á labrar sus navíos.

Lo que Cortés le dijo á Martin Lopez sobre ello no lo sé; y esto digo porque dice el coronista Gómora en su historia que le mandó que hiciese muestras, como cosa de burla, que los labraba, porque lo supiese el gran Montezuma: remítome á lo que ellos dijeron, que gracias á Dios son vivos en este tiempo; mas muy secretamente me dijo el Martin Lopez que de hecho y apriesa los labraba; y así, los dejó en astillero tres navíos.

Dejémoslos labrándolos, y digamos cuáles andábamos todos en aquella gran ciudad tan pensativos, temiendo que de una hora á otra nos habian de dar guerra en nuestras caborias de Tlascala; é doña Marina así lo decia al capitan, y el Orteguilla, el paje del Montezuma, siempre estaba llorando, y todos nosotros muy á punto, y buenas guardas al Montezuma.

Digo, de nosotros estar á punto no habia necesidad de decillo tantas veces, porque de dia y de noche no se nos quitaban las armas, gorjales y antiparas, y con ello dormiamos.

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