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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXV.

Volvamos á nuestra batalla: pues como comenzaron á romper con nosotros, ¡qué granizo de piedra de los honderos! Pues flechas, todo el suelo hecho parva de varas, todas de á dos gajos, que pasan cualquiera arma y las entrañas, adonde no hay defensa, y los de espada y rodela, y de otras mayores que espadas, como montantes y lanzas, ¡qué priesa nos daban y con qué braveza se juntaban con nosotros, y con qué grandísimos gritos y alaridos! Puesto que nos ayudábamos con tan gran concierto con nuestra artillería y escopetas y ballestas, que les haciamos harto daño, y á los que se nos llegaban con sus espadas y montantes les dábamos buenas estocadas, que les haciamos apartar, y no se juntaban tanto como la otra vez pasada; y los de á caballo estaban tan diestros y hacíanlo tan varonilmente, que, despues de Dios, que es el que nos guardaba, ellos fueron fortaleza.

Yo vi entónces medio desbaratado nuestro escuadron, que no aprovechaban voces de Cortés ni de otros capitanes para que tornásemos á cerrar; tanto número de indios cargó entónces sobre nosotros, sino que á puras estocadas les hicimos que nos diesen lugar; con que volvimos á ponernos en concierto.

Una cosa nos daba la vida, y era que, como eran muchos y estaban amontonados, los tiros les hacian mucho mal; y demás desto, no se sabian capitanear, porque no podian allegar todos los capitanes con sus gentes; y á lo que supimos, desde la otra batalla pasada habian tenido pendencias y rencillas entre el capitan Xicotenga con otro capitan hijo de Chichimeclatecle, sobre que decia el un capitan al otro que no lo habia hecho bien en la batalla pasada, y el hijo de Chichimeclatecle respondió que muy mejor que él, y se lo haria conocer de su persona á la suya de Xicotenga; por manera que en esta batalla no quiso ayudar con su gente el Chichimeclatecle al Xicotenga, ántes supimos muy ciertamente que convocó á la capitanía de Guaxolcingo que no pelease.

Y demás desto, desde la batalla pasada temian los caballos y tiros y espadas y ballestas y nuestro buen pelear, y sobre todo, la gran

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