Jesus que tiene en los brazos, y que le concibió por gracia del Espíritu Santo, quedando Vírgen ántes del parto y en el parto y despues del parto; y aquesta gran Señora ruega por nosotros á su Hijo precioso, que es nuestro Dios y Señor; y les dijo otras muchas cosas que se convenian decir sobre nuestra santa fe, y si quieren ser nuestros hermanos y tener amistad verdadera con nosotros; y para que con mejor voluntad tomásemos aquellas sus hijas, para tenellas, como dicen, por mujeres, que luego dejen sus malos ídolos, y crean y adoren en nuestro Señor Dios, que es el que nosotros creemos y adoramos, y verán cuánto bien les irá; porque, demás de tener salud y buenos temporales, sus cosas se les harán prósperamente, y cuando se mueran irán sus ánimas á los cielos á gozar de la gloria perdurable; y que si hacen los sacrificios que suelen hacer á aquellos sus ídolos, que son diablos, les llevarán á los infiernos, donde para siempre jamás arderán en vivas llamas.
Y porque en otros razonamientos se les habia dicho otras cosas acerca de que dejasen los ídolos, en esta plática no se les dijo más, y lo que respondieron á todo es, que dijeron:
—«Malinche, ya te hemos entendido ántes de ahora; y bien creemos que ese vuestro Dios y esa gran Señora, que son muy buenos; mas mira: ahora vinistes á estas nuestras tierras y casas; el tiempo andando entenderemos muy más claramente vuestras cosas, y veremos cómo son, y harémos lo que sea bueno. ¿Cómo quieres que dejemos nuestros teules, que desde muchos años nuestros antepasados tienen por dioses y les han adorado y sacrificado? É ya que nosotros, que somos viejos, por te complacer lo quisiésemos hacer, ¿qué dirán todos nuestros papas y todos los vecinos mozos y niños desta provincia, sino levantarse contra nosotros? Especialmente que los papas han ya hablado con nuestros teules, y les respondieron que no los olvidásemos en sacrificios de hombres y en todo lo que de ántes soliamos hacer; si no, que á toda esta provincia destruirian con hambres, pestilencias y guerra.»