andaba en Cuba de villa en villa y de pueblo en pueblo proveyendo la armada y atrayendo los vecinos que tenian indios, y á parientes y amigos, que viniesen con Pánfilo de Narvaez para que le llevasen preso á Cortés y á todos nosotros sus capitanes y soldados, ó á lo ménos no quedásemos algunos con las vidas; y andaba tan encendido de enojo y tan diligente, que vino hasta Guaniguanico, que es pasada la Habana más de sesenta leguas.
Y andando desta manera, ántes que saliese su armada pareció ser alcanzarlo á saber la real audiencia de Santo Domingo y los Frailes Jerónimos que estaban por gobernadores; el cual aviso y relacion dellos les envió desde Cuba el licenciado Zuazo, que habia venido á aquella isla á tomar residencia al mismo Diego Velazquez.
Pues como lo supieron en la real audiencia, y tenian memorias de nuestros muy buenos y nobles servicios que haciamos á Dios y á su majestad, y habiamos enviado nuestros procuradores con grandes presentes á nuestro Rey y señor, y que el Diego Velazquez no tenia razon ni justicia para venir con armada á tomar venganza de nosotros, sino que por justicia lo mandase; y que si venia con la armada era gran estorbo para nuestra conquista, acordaron de enviar á un licenciado que se decia Lúcas Vazquez de Ayllon, que era oidor de la misma real audiencia, para que estorbase la armada al Diego Velazquez y no la dejase pasar, y que sobre ello pusiese grandes penas; é vino á Cuba el mismo oidor, y hizo sus diligencias y protestaciones, como le era mandado por la real audiencia, para que no saliese con su intencion el Velazquez; y por más penas y requirimientos que le hizo é puso, no aprovechó cosa ninguna; porque, como el Diego Velazquez era tan favorecido del Obispo de Búrgos, y habia gastado cuanto tenia en hacer aquella gente de guerra contra nosotros, no tuvo todos aquellos requirimientos que hicieron en una castañeta, ántes se mostró más bravoso.
Y desque aquello vió el oidor vínose con el mesmo Narvaez para poner paces y dar buenos conciertos entre Cortés y el Narvaez.