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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXVI.

Y despues que se juntaron los adivinos y hechiceros y muchos papas, y hechas sus adivinanzas y echadas sus suertes y todo lo que solian hacer, parece ser dijeron que en las suertes hallaron que éramos hombres de hueso y de carne, y que comiamos gallinas y perros y pan y fruta cuando lo teniamos, y que no comiamos carnes de indios ni corazones de los que matábamos; porque, segun pareció, los indios amigos que traiamos de Cempoal les hicieron encreyente que éramos teules é que comiamos corazones de indios, é que las bombardas echaban rayos como caen del cielo, é que el lebrel, que era tigre ó leon, y que los caballos eran para lancear á los indios cuando los queriamos matar; y les dijeron otras muchas niñerias.

É volvamos á los papas: y lo peor de todo que les dijeron sus papas é adivinos fué que de dia no podiamos ser vencidos, sino de noche, porque como anochecia se nos quitaban las fuerzas; y más les dijeron los hechiceros, que éramos esforzados, y que todas estas virtudes teniamos de dia hasta que se ponia el sol, y desque anochecia no teniamos fuerzas ningunas.

Y cuando aquello oyeron los caciques, y lo tuvieron por muy cierto, se lo enviaron á decir á su capitan general Xicotenga, para que luego con brevedad venga una noche con grandes poderes á nos dar guerra.

El cual, como lo supo, juntó obra de diez mil indios, los más esforzados que tenia, y vino á nuestro real, y por tres partes nos comenzó á dar una mano de flechas y tirar varas con sus tiraderas de un gajo y de dos, y los de espadas y macanas y montantes por otra parte; por manera que de repente tuvieron por cierto que llevarian algunos de nosotros para sacrificar; y mejor lo hizo nuestro Señor Dios, que por muy secretamente que ellos venian, nos hallaron muy apercebidos; porque, como sintieron su gran ruido que traian á mata-caballo, vinieron nuestros corredores del campo y las espías á dar el arma, y como estábamos tan acostumbrados á dormir calzados y las armas vestidas y los caballos ensillados y enfrenados,

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