Y es desta manera que ya me habrán oido decir: que cuando sacrificaban á algun triste indio, que le aserraban con unos navajones de pedernal por los pechos, y bullendo le sacaban el corazon y sangre, y lo presentaban á sus ídolos, en cuyo nombre hacian aquel sacrificio; y luego les cortaban los muslos y brazos y la cabeza, y aquello comian en fiestas y banquetes; y la cabeza colgaban de unas vigas, y el cuerpo del indio sacrificado no llegaban á él para le comer, sino dábanlo á aquellos bravos animales; pues más tenian en aquella maldita casa muchas víboras y culebras emponzoñadas, que traen en las colas unos que suenan como cascabeles; estas son las peores víboras que hay de todas, y teníanlas en cunas, tinajas y en cántaros grandes, y en ellos mucha pluma, y allí tenian sus huevos y criaban sus viboreznos, y les daban á comer de los cuerpos de los indios que sacrificaban y otras carnes de perros de los que ellos solian criar.
Y aun tuvimos por cierto que cuando nos echaron de Méjico y nos mataron sobre ochocientos y cincuenta de nuestros soldados é de los de Narvaez, que de los muertos mantuvieron muchos dias á aquellas fuertes alimañas y culebras, segun diré en su tiempo y sazon: y aquestas culebras y bestias tenian ofrecidas á aquellos sus ídolos bravos para que estuviesen en su compañía.
Digamos ahora las cosas infernales que hacian cuando bramaban los tigres y leones y aullaban los adives y zorros y silbaban las sierpes; era grima oirlo, y parecia infierno.
Pasemos adelante, y digamos de los grandes oficiales que tenia de cada género de oficio que entre ellos se usaba; y comencemos por los lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra España los grandes plateros tienen que mirar en ello; y destos tenia tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapuzalco, una legua de Méjico; pues labrar piedras finas y chalchihuis, que son como esmeraldas, otros muchos grandes maestros.