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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LII.

dejar una gran Señora, que es Madre de nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos, para que ellos tambien la tengan por Señora y abogada; y sobre ello, y tras cosas de pláticas que pasaran, se les hizo un buen razonamiento, y tan bien propuesto para segun el tiempo, que no habia más que decir; y se les declaró muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, tan bien dichas como ahora los religiosos se lo dan á entender, de manera que lo oian de buena voluntad.

Y luego les mandó llamar todos los indios albañiles que habia en aquel pueblo, y traer mucha cal, porque habia mucha, y mandó que quitasen las costras de sangre que estaban en aquellos cues y que lo aderezasen muy bien, y luego otro dia se encaló y se hizo un altar con buenas mantas, y mandó traer muchas rosas de las naturales que habia en la tierra, que eran bien olorosas, y muchos ramos, y lo mandó enramar y que lo tuviesen limpio y barrido á la contina; y para que tuviesen cargo dello, apercibió á cuatro papas que se trasquilasen el cabello, que lo traian largo, como otra vez he dicho, y que vistiesen mantas blancas y se quitasen las que traian, y que siempre anduviesen limpios y que sirviesen aquella santa imágen de Nuestra Señora, en barrer y enramar; y para que tuviesen más cargo dello puso á un nuestro soldado cojo é viejo, que se decia Juan de Torres de Córdoba, que estuviese allí por ermitaño, é que mirase que se hiciese cada dia así como lo mandaba á los papas.

Y mandó á nuestros carpinteros, otra vez por mí nombrados, que hiciesen una cruz y la pusiesen en un pilar que teniamos ya nuevamente hecho y muy bien encalado, y otro dia de mañana se dijo Misa en el altar, la cual dijo el Padre fray Bartolomé de Olmedo, y entónces se dió órden como con el incienso de la tierra se incensase á la santa imágen de Nuestra Señora y á la santa cruz, y tambien se les mostró hacer candelas de la cera de la tierra, y se les mandó que aquellas candelas siempre estuviesen ardiendo en el altar, porque hasta entónces no se sabian aprovechar de la cera; y á la Misa estuvieron los más principales caciques de aquel pueblo y de otros que se habian juntado.

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