tomado mucha parte de lo que les cabia del oro de parte, é no quieren recebir lo que les da.»
Por manera que aquellos soldados que se nos huyeron eran ruines y soeces, y decian al Narvaez mucho más de lo que queria saber.
Y tambien le dieron por aviso que ocho leguas de allí estaba poblada una villa que se dice la villa rica de la Veracruz, y estaba en ella un Gonzalo de Sandoval con sesenta soldados, todos viejos y dolientes, y que si enviase á ellos gente de guarda, luego se darian, y le decian otras muchas cosas.
Dejemos todas estas pláticas, y digamos cómo luego lo alcanzó á saber el gran Montezuma cómo estaban allí surtos los navíos, y con muchos capitanes y soldados, y envió sus principales secretamente, que no lo supo Cortés, y les mandó dar comida y oro y plata, y que de los pueblos más cercanos les proveyesen de bastimento; y el Narvaez envió á decir al Montezuma muchas malas palabras y descomedimientos contra Cortés, y de todos nosotros que éramos unas gentes malas, ladrones, que veniamos huyendo de Castilla sin licencia de nuestro Rey y señor, y que como tuvo noticia el Rey nuestro señor que estábamos en estas tierras, y de los males y robos que haciamos, y teniamos preso al Montezuma, para estorbar tantos daños, que le mandó al Narvaez que luego viniese con todas aquellas naos y soldados y caballeros para que le suelten de las prisiones, y que á Cortés y á todos nosotros, como malos, nos prendiesen ó matasen, y en las mismas naos nos enviasen á Castilla, y que cuando allá llegásemos nos mandaria matar; y le envió á decir otros muchos desatinos; y eran los intérpretes para dárselos á entender á los indios los tres soldados que se nos fueron, que ya sabian la lengua.Y demás destas pláticas, le envió el Narvaez ciertas cosas de Castilla.
Y cuando Montezuma lo supo, tuvo gran contento con aquellas nuevas; porque, como le decian que tenian tantos navíos é caballos é tiros y escopetas y ballesteros, y eran mil y trescientos soldados, y dende arriba creyó que nos perderia.