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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXIX.

de Dios con buen concierto estemos apercebidos para hacer lo que convenga, y así cesaron todas las pláticas; verdad es que murmuraban de Cortés é le maldecian, y aun de nosotros, que le aconsejábamos, y de los de Cempoal, que por tal camino nos trujeron, y decian otras cosas no bien dichas; mas en tales tiempos se disimulaban.

En fin, todos obedecieron muy bien.

Y dejaré de hablar en esto, y diré cómo los caciques viejos de la cabecera de Tlascala enviaron otra vez mensajeros de nuevo á su capitan general Xicotenga, que en todo caso no nos dé guerra, y que vaya de paz luego á nos ver y llevar de comer, porque así está ordenado por todos los caciques y principales de aquella tierra y de Guaxocingo; y tambien enviaron á mandar á los capitanes que tenia en su compañía que si no fuese para tratar paces, que en cosa ninguna le obedeciesen; y esto le tornaron á enviar á decir tres veces, porque sabian cierto que no les queria obedecer, y tenia determinado el Xicotenga que una noche habia de dar otra vez en nuestro real, porque para ello tenia juntos veinte mil hombres; y como era soberbio y muy porfiado, así ahora como las otras veces no quiso obedecer.

Y lo que sobre ello hizo diré adelante.

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