Y como en aquella tierra de la Habana habia mucho algodon, hicimos armas muy bien colchadas, porque son buenas para entre indios, porque es mucha la vara y flecha y lanzadas que daban, pues piedra era como granizo; y allí en la Habana comenzó Cortés á poner casa y á tratarse como señor, y el primer maestresala que tuvo fué un Guzman, que luego se murió ó mataron indios; no digo por el mayordomo Cristóbal de Guzman, que fué de Cortés, que prendió Gutemuz cuando la guerra de Méjico. Y tambien tuvo Cortés por camarero á un Rodrigo Rangel, y por mayordomo á un Juan de Cáceres, que fué, despues de ganado Méjico, hombre rico.
Y todo esto ordenado, nos mandó apercebir para embarcar, y que los caballos fuesen repartidos en todos los navíos: hicieron pesebrera, y metieron mucho maíz y yerba seca.
Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y yeguas que pasaron.
El capitan Cortés, un caballo castaño zaino, que luego se le murió en San Juan de Ulúa.
Pedro de Albarado y Hernando Lopez de Ávila, una yegua castaña muy buena, de juego y de carrera, y de que llegamos á la Nueva-España el Pedro de Albarado le compró la mitad de la yegua, ó se la tomó por fuerza.
Alonso Hernandez Puertocarrero, una yegua rucia de buena carrera, que le compró Cortés por las lazadas de oro.
Juan Velazquez de Leon, otra yegua rucia muy poderosa, que llamábamos la Rabona, muy revuelta y de buena carrera.
Cristóbal de Olí, un caballo castaño oscuro, harto bueno.
Francisco de Montejo y Alonso de Ávila, un caballo alazan tostado: no fué para cosa de guerra.