oro del presente, y dando quejas del Obispo y descubriendo sus tratos que tenia con el Diego Velazquez; y aun otros caballeros les favorecieron, que no estaban muy bien con el D. Juan Rodriguez de Fonseca; porque, segun decian, era malquisto por muchas demasías y soberbias que mostraba con los grandes cargos que tenia; y como nuestros grandes servicios eran por Dios nuestro Señor y por su majestad, y siempre poniamos nuestras fuerzas en ello, quiso Dios que su majestad lo alcanzó á saber muy claramente; y como lo vió y entendió, fué tanto el contentamiento que mostró, y los duques, marqueses y condes y otros caballeros que estaban en su Real córte, que en otra cosa no hablaban por algunos dias sino de Cortés y de todos nosotros los que le ayudamos en las conquistas, y de las riquezas que destas partes le enviamos; y así por esto como por las cartas glosadas que sobre ello le escribió el Obispo de Búrgos, desque vió su majestad que todo era al contrario de la verdad, desde allí adelante le tuvo mala voluntad al Obispo, especialmente que no envió todas las piezas de oro, é se quedó con gran parte dellas.
Todo lo cual alcanzó á saber el mismo Obispo, que se lo escribieron desde Flandes, de lo cual recibió muy grande enojo, y si de ántes que fuesen nuestras cartas ante su majestad el Obispo decia muchos males de Cortés y de todos nosotros, de allí adelante á boca llena nos llamaba traidores; mas quiso Dios que perdió la furia y braveza, que desde ahí á dos años fué recusado y aun quedó corrido y afrentado, y nosotros quedamos por muy leales servidores, como adelante diré de que venga á coyuntura; y escribió su majestad que presto vendria á Castilla y entenderia en lo que nos conviniese, é nos haria mercedes.
Y porque adelante lo diré muy por extenso cómo y de qué manera pasó, se quedará aquí así, y nuestros procuradores aguardando la venida de su majestad.
Y ántes que más pase adelante quiero decir, por lo que me han preguntado ciertos caballeros muy curiosos, y aun tienen razon de lo