que no le dén tributo los pueblos de las sierras Totonaque ni los de Cempoal; pues bien se os acordará que los mejicanos nos dan guerra cada año, de más de cien años á esta parte, y bien veis que estamos en estas nuestras tierras como acorralados, que no osamos salir á buscar sal, ni aun la comemos, ni aun algodon, que pocas mantas dello traemos; pues si salen ó han salido algunos de los nuestros á buscar, pocos vuelven con las vidas, que estos traidores de mejicanos y sus confederados nos los matan ó hacen esclavos; ya nuestros tacalnaguas y adivinos y papas nos han dicho lo que sienten de sus personas destos teules, y que son esforzados. Lo que me parece es, que procuremos de tener amistad con ellos, y si no fueren hombres, sino teules, de una manera y de otra les hagamos buena compañía, y luego vayan cuatro nuestros principales y les lleven muy bien de comer, y mostrémosles amor y paz, porque nos ayuden y defiendan de nuestros enemigos, y traigámoslos aquí luego con nosotros, y démosles mujeres para que de su generacion tengamos parientes, pues segun dicen los embajadores que nos envian á tratar las paces, que traen mujeres entre ellos.»
Y como oyeren este razonamiento, á todos los caciques les pareció bien, y dijeron que era cosa acertada, y que luego vayan á entender en las paces, y que se le envie á hacer saber á su capitan Xicotenga y á los demás capitanes que consigo tiene, para que luego vengan sin dar más guerras, y les digan que ya tenemos hechas paces; y enviaron luego mensajeros sobre ello; y el capitan Xicotenga el mozo no los quiso escuchar á los cuatro principales, y mostró tener enojo, y los trató mal de palabra, y que no estaba por las paces; y dijo que ya habia muerto muchos teules y la yegua, y que él queria dar otra noche sobre nosotros y acabarnos de vencer y matar; la cual respuesta, desque la oyó su padre Xicotenga el viejo y Masse-Escaci y los demás caciques, se enojaron de manera, que luego enviaron á mandar á los capitanes y á todo su ejército que no fuesen con el Xicotenga á nos dar guerra, ni en tal caso le obedeciesen en cosa que les mandase si no fuese para hacer paces, y tampoco lo quiso obedecer; y cuando vieron la desobediencia de su capitan, luego enviaron los cuatro