servicio, dijeron que no se le querian dar, porque Malinche les mandó que no lo diesen, y que el gran Montezuma lo ha tenido por bien; y los capitanes mejicanos respondieron que si no lo daban, que los vendrian á destruir sus pueblos y llevallos cautivos, y que su señor Montezuma se lo habia mandado de poco tiempo acá.
Y como aquellas amenazas vieron nuestros amigos los totonaques, vinieron al capitan Juan de Escalante, é quejáronse reciamente que los mejicanos les venian á robar y destruir sus tierras; y como el Escalante lo entendió, envió mensajeros á los mismos mejicanos para que no hiciesen enojo ni robasen aquellos pueblos, pues su señor Montezuma lo habia á bien, que somos todos grandes amigos; si no, que irá contra ellos y les dará guerra. Á los mejicanos no se les dió nada por aquella respuesta ni fieros, y respondieron que el campo los hallaria; y el Juan de Escalante, que era hombre muy bastante y de sangre en el ojo, apercibió todos los pueblos nuestros amigos de la sierra que viniesen con sus armas, que eran arcos, flechas, lanzas, rodelas, y asimismo apercibió los soldados más sueltos y sanos que tenia; porque ya he dicho otra vez que todos los más vecinos que quedaban en la Villa-Rica estaban dolientes y eran hombres de la mar, y con dos tiros y un poco de pólvora, y tres ballestas y dos escopetas, y cuarenta soldados y sobre dos mil indios totonaques, fué adonde estaban las guarniciones de los mejicanos, que andaban ya robando un pueblo de nuestros amigos los totonaques, y en el campo se encontraron al cuarto del alba; y como los mejicanos eran más doblados que nuestros amigos los totonaques, é como siempre estaban atemorizados dellos de las guerras pasadas, á la primera refriega de flechas y varas y piedras y gritas huyeron, y dejaron al Juan de Escalante peleando con los mejicanos, y de tal manera, que llegó con sus pobres soldados hasta un pueblo que llaman Almería, y le puso fuego y le quemó las casas.
Allí reposó un poco, porque estaba mal herido, y en aquellas refriegas y guerra le llevaron un soldado vivo que se decia Arguello, que era natural