DE LAS GUERRAS Y BATALLAS MUY PELIGROSAS QUE TUVIMOS CON LOS TLASCALTECAS, Y DE LO QUE MÁS PASÓ.
Otro dia, despues de habernos encomendado á Dios, partimos de allí, muy concertados todos nuestros escuadrones, y los de á caballo muy avisados de cómo habian de entrar rompiendo y salir; y en todo caso procurar que no nos rompiesen ni nos apartasen unos de otros; é yendo así como dicho tengo, viénense á encontrar con nosotros dos escuadrones, que habria seis mil, con grandes gritas, atambores y trompetas, y flechando y tirando varas, y haciendo como fuertes guerreros.
Cortés mandó que estuviésemos quedos, y con tres prisioneros que les habiamos tomado el dia ántes les enviamos á decir y á requerir que no nos diesen guerra, que los queremos tener por hermanos; y dijo á uno de nuestros soldados, que se decia Diego de Godoy, que era escribano de su Majestad, mirase lo que pasaba, y diese testimonio dello si se hubiese menester, porque en algun tiempo no nos demandasen las muertes y daños que se recreciesen, pues les requeriamos con la paz; y como les hablaron los tres prisioneros que les enviábamos, mostráronse muy más recios, y nos daban tanta guerra, que no les podiamos sufrir.
Entónces dijo Cortés:
—«Santiago y á ellos.»
Y de hecho arremetimos de manera, que les matamos y herimos muchas de sus gentes con los tiros, y entre ellos tres capitanes.