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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XCIII.

que si Cortés no lo quiere hacer luego, que les dé licencia, que ellos lo prenderán y lo pondrán por la obra; y que de dos grandes peligros en que estamos, que el mejor y el más á propósito es prendelle, que no aguardar que nos diesen guerra; y que si la comenzaba, ¿qué remedio podriamos tener? Tambien le dijeron ciertos soldados que nos parecia que los mayordomos de Montezuma que servian en darnos bastimentos se desvergonzaban y no lo traian cumplidamente, como los primeros dias; y tambien dos indios tlascaltecas, nuestros amigos, dijeron secretamente á Jerónimo de Aguilar, nuestra lengua, que no les parecia bien la voluntad de los mejicanos de dos dias atrás. Por manera que estuvimos platicando en este acuerdo bien una hora, si le prendiéramos ó no, y qué manera terniamos; y á nuestro capitan bien se le encajó este postrer consejo, y dejábamoslo para otro dia, que en todo caso lo habiamos prender, y aun toda la noche estuvimos con el padre de la Merced rogando á Dios que lo encaminase para su santo servicio.

Despues destas pláticas, otro dia por la mañana vinieron dos indios de Tlascala muy secretamente con unas cartas de la Villa-Rica, y lo que se contenia en ello decia que Juan de Escalante, que quedó por alguacil mayor, era muerto, y seis soldados juntamente con él, en una batalla que le dieron los mejicanos; y tambien le mataron el caballo y á nuestros indios totonaques, que llevó en su compañía, y que todos los pueblos de la sierra y Cempoal y su sujeto están alterados y no les quieren dar comida ni servir en la fortaleza, y que no saben qué se hacer; y que como de ántes los tenian por teules, que ahora, que han visto aquel desbarate, les hacen fieros, así los totonaques como los mejicanos, y que no les tienen en nada, ni saben qué remedio tomar. Y cuando oimos aquellas nuevas, sabe Dios cuánto pesar tuvimos todos.

Aqueste fué el primer desbarate que tuvimos en la Nueva-España; miren los curiosos letores la adversa fortuna cómo vuelve rodando; ¡quién nos vió entrar en aquella ciudad con tan solemne recibimiento y triunfantes, y nos teniamos en posesion de ricos con lo que Montezuma nos daba

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