aprovechaban nada sus razones; y cuando Cortés y todos nosotros entendimos aquellas soberbias palabras, y cómo estaban de guerra, puesto que nos dió bien que pensar en ello dijimos todos:
—«Pues que así es, adelante en buen hora;» encomendándonos á Dios y nuestra bandera tendida, que llevaba el alférez Corral.
Porque ciertamente nos certificaron los indios del pueblezuelo donde dormimos, que habian de salir al camino á nos defender la entrada en Tlascala; y asimismo nos lo dijeron los de Cempoal, como dicho tengo.
Pues yendo desta manera que he dicho, siempre íbamos hablando cómo habian de entrar y salir los de á caballo á media rienda y las lanzas algo terciadas, y de tres en tres porque se ayudasen; é que cuando rompiésemos por los escuadrones, que llevasen las lanzas por las caras y no parasen á dar lanzadas, porque no les echasen mano dellas, y que si acaesciese que les echasen mano, que con toda fuerza tuviesen y debajo del brazo se ayudasen, y poniendo espuelas con la furia del caballo, se la tornarian á sacar ó llevarian al indio arrastrando.
Dirán ahora que para qué tanta diligencia sin ver contrarios guerreros que nos acometiesen. Á esto respondo, y digo que decia Cortés:
—«Mirá, señores compañeros, ya veis que somos pocos, hemos de estar siempre tan apercebidos y aparejados como si ahora viésemos venir los contrarios á pelear, y no solamente vellos venir, sino hacer cuenta que estamos ya en la batalla con ellos; y que, como acaece muchas veces que echan mano de la lanza, por eso hemos de estar avisados para el tal menester, así dello como de otras cosas que convienen en lo militar; que ya bien he entendido que en el pelear no tenemos necesidad de avisos, porque he conocido que por bien que yo lo quiera decir, lo haréis muy más animosamente.»
Y desta manera caminamos obra de dos leguas, y hallamos una fuerza bien fuerte hecha de cal y canto y de otro betun tan recio, que con picos