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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXVI.

y todo género de armas muy á punto, les resistimos con las escopetas y ballestas y á estocadas; de presto vuelven las espaldas, y como era el campo llano y hacia luna, los de á caballo los siguieron un poco, donde por la mañana hallamos tendidos muertos y heridos hasta veinte dellos; por manera que se vuelven con gran pérdida y muy arrepentidos de la venida de noche.

Y aun oí decir que, como no les sucedió bien lo que los papas y las suertes y hechiceros les dijeron, que sacrificaron á dos dellos.

Aquella noche mataron un indio de nuestros amigos de Cempoal, é hirieron dos soldados y un caballo, y allí prendimos cuatro dellos; y como nos vimos libres de aquella arrebatada refriega, dimos gracias á Dios, y enterramos el amigo de Cempoal, y curamos los heridos y al caballo, y dormimos lo que quedó de la noche con grande recaudo en el real, así como lo teniamos de costumbre; y despues amaneció, y nos vimos todos heridos á dos y á tres heridas, y muy cansados, y otros dolientes y entrapajados, y Xicotenga que siempre nos seguia, y faltaban ya sobre cincuenta y cinco soldados, que se habian muerto en las batallas y dolencias y frios, y estaban dolientes otros doce, y asimismo nuestro capitan Cortés tambien tenia calenturas, y aun el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, con el trabajo y peso de las armas, que siempre traiamos á cuestas, y otras malas venturas de frios y falta de sal, que no la comiamos ni la hallábamos; y demás desto, dábanos qué pensar qué fin habriamos en aquestas guerras, é ya que allí se acabasen, qué seria de nosotros, adónde habiamos de ir; porque entrar en Méjico teníamoslo por cosa de risa á causa de sus grandes fuerzas y deciamos que cuando aquellos de Tlascala nos habian puesto en aquel punto, y nos hicieron creer nuestros amigos los de Cempoal que estaban de paz, que cuando nos viésemos en la guerra con los grandes poderes de Montezuma, que ¿qué podriamos hacer?

Y demás desto, no sabiamos de los que quedaron poblados en la Villa-Rica, ni ellos de nosotros; y como entre todos nosotros habia caballeros y

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