echaba siempre una raya de más; y Cortés y todos nosotros los soldados que aquella sazon haciamos guarda no podiamos estar de risa por lo que dijo el gran Montezuma.
Dirán agora que por qué nos reimos de aquella palabra. É porque el Pedro de Albarado, puesto que era de gentil cuerpo y buena manera, era vicioso en el hablar demasiado, y como le conocimos su condicion, por esto nos reimos tanto.
É volvamos al juego: y si ganaba Cortés, daba las joyas á aquellos sus sobrinos y privados del Montezuma que le servian; y si ganaba Montezuma, nos lo repartia á los soldados que le haciamos guarda; y aun no contento por lo que nos daba del juego, no dejaba cada dia de darnos presentes de oro y ropa, así á nosotros como al capitan de la guarda, que entónces era Juan Velazquez de Leon, y en todo se mostraba Juan Velazquez, grande amigo é servidor de Montezuma.
Tambien me acuerdo que era de la vela un soldado muy alto de cuerpo y bien dispuesto y de muy grandes fuerzas, que se decia Fulano de Trujillo, y era hombre de la mar, y cuando le cabia el cuarto de la noche de la vela, era tan mal mirado, que hablando aquí con acato de los señores leyentes, hacia cosas deshonestas, que lo oyó el Montezuma; é como era un Rey destas tierras y tan valeroso, túvolo á mala crianza y desacato, que en parte que él oyese se hiciese tal cosa, sin tener respeto á su persona; y preguntó á su paje Orteguilla que quién era aquel mal criado é sucio, é dijo que era hombre que solia andar en la mar é que no sabe de policía é buena crianza, y tambien le dió á entender de la calidad de cada uno de los soldados que allí estábamos, cuál era caballero y cuál no, y le decia á la contina muchas cosas que el Montezuma deseaba saber.
Y volvamos á nuestro soldado Trujillo, que desque fué de dia Montezuma lo mandó llamar, y le dijo que por qué era de aquella condicion, que sin tener miramiento á su persona, no tenia aquel acato