pueblo; y Cortés les mostró mucho amor, y les dijo muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, como siempre lo teniamos de costumbre á do quiera que llegábamos, y que éramos vasallos de nuestro gran Emperador D. Cárlos, y les dió unas cuentas verdes é otras cosillas de Castilla; y ellos trujeron luego gallinas y pan de maíz.
Y estando en estas pláticas, vinieron luego á decir á Cortés que venia el cacique gordo de Cempoal en andas, y las andas á cuestas de muchos indios principales; y desque llegó el cacique habló con Cortés, juntamente con el cacique y otros principales de aquel pueblo, dando tantas quejas de Montezuma, y contaba de sus grandes poderes, y decíalo con lágrimas y suspiros, que Cortés y los que estábamos presentes tuvimos mancilla; y demás de contar por qué via é modo los habia sujetado, que cada año les demandaban muchos de sus hijos y hijas para sacrificar y otros para servir en sus casas y sementeras, y otras muchas quejas, que fueron tantas, que ya no se me acuerda; y que los recaudadores de Montezuma les tomaban sus mujeres é hijas si eran hermosas, y las forzaban; y que otro tanto hacian en aquellas tierras de la lengua de Totonaque, que eran más de treinta pueblos; y Cortés los consolaba con nuestras lenguas cuanto podia, é que los favoreceria en todo cuanto pudiese, y quitaria aquellos robos y agravios, y que para eso les envió á estas partes el Emperador nuestro señor, é que no tuviesen pena ninguna, que presto verian lo que sobre ello haciamos; y con estas palabras recibieron algun contento, mas no se les aseguraba el corazon con el gran temor que tenian á los mejicanos.
Y estando en estas pláticas vinieron unos indios del mismo pueblo á decir á todos los caciques que allí estaban hablando con Cortés, cómo venian cinco mejicanos que eran los recaudadores de Montezuma, é como los vieron se les perdió la color y temblaban de miedo, y dejan solo á Cortés y los salen á recibir, y de presto les enraman una sala y les guisan de comer y les hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que entre ellos beben; y cuando entraron en el pueblo los cinco indios vinieron por donde