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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXXIII.

Y dió muchas quejas de Montezuma y de sus aliados, que todos eran contra ellos y les daban guerra, puesto que se habian defendido muy bien; y que ahora quisiera hacer lo mismo contra nosotros, y no pudieron, aunque se habian juntado tres veces con todos sus guerreros, y que éramos invencibles; y que como conocieron esto de nuestras personas, que quieren ser nuestros amigos y vasallos del gran señor Emperador D. Cárlos, porque tienen por cierto que con nuestra compañía serian siempre guardadas y amparadas sus personas, mujeres é hijos, y no estarán siempre con sobresalto de los traidores mejicanos; y dijo otras muchas palabras de ofrecimientos con sus personas y ciudad.

Era este Xicotenga alto de cuerpo y de grande espalda y bien hecho, y la cara tenia larga y como hoyosa y robusta, y era de hasta treinta y cinco años, y en el parecer mostraba en su persona gravedad; y Cortés les dió las gracias muy cumplidas con halagos que le mostró, y dijo que él los recibia por tales vasallos de nuestro Rey y señor y amigos nuestros; y luego dijo el Xicotenga que nos rogaba fuésemos á su ciudad, porque estaban todos los caciques viejos y papas aguardándonos con mucho regocijo; y Cortés le respondió que él iria presto, y que luego fuera, sino porque estaba entendiendo en negocios del gran Montezuma, y como despache aquellos mensajeros, que él será allá; y tornó Cortés á decir algo más áspero y con gravedad de las guerras que nos habian dado de dia y de noche; é que pues ya no puede haber enmienda en ello, que se lo perdona, y que miren que las paces que ahora les damos que sean firmes y no haya mudamiento, porque si otra cosa hacen, que los matará y destruirá á su ciudad, y que no aguardasen otras palabras de paces, sino de guerra.

Y como aquello oyó el Xicotenga y todos los principales que con él venian, respondieron á una que serian firmes y verdaderas, y que para ello quedaban todos en rehenes; y pasaron otras pláticas de Cortés á Xicotenga y de todos los más principales, y se les dieron unas cuentas verdes y azules para su padre y para él y los más caciques y les mandó que dijesen que iria presto á su ciudad.

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