y como la vió moza y de buen parecer y rica, le dijo y aconsejó que se fuese con ella á su casa si queria escapar la vida, porque ciertamente aquella noche ó otro dia nos habian de matar á todos, porque ya estaba así mandado y concertado por el gran Montezuma, para que entre los de aquella ciudad y los mejicanos se juntasen, y no quedase ninguno de nosotros á vida, ó nos llevasen atados á Méjico; y porque sabe esto, y por mancilla que tenia de la doña Marina, se lo venia á decir, y que tomase todo su hato y se fuese con ella á su casa, y que allí la casaria con un su hijo, hermano de otro mozo que traia la vieja, que la acompañaba.
É como lo entendió la doña Marina, y en todo era muy avisada, le dijo:
—«¡Oh madre, qué mucho tengo que agradeceros eso que me decis! Yo me fuera ahora, sino que no tengo de quién fiarme para llevar mis mantas y joyas de oro, que es mucho. Por vuestra vida, madre, que aguardeis un poco vos y vuestro hijo, y esta noche nos iremos; que ahora ya veis que estos teules están velando, y sentirnos han.»