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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XCIII.

nuestros soldados, que uno dellos era carpintero de lo blanco, que se decia Alonso Yañez, vió en una pared una como señal que habia sido puerta, que estaba cerrada y muy bien encalada é bruñida; y como habia fama é teniamos relacion que en aquel aposento tenia Montezuma el tesoro de su padre Axayaca, sospechóse que estaria en aquella sala, que estaba de pocos dias cerrada y encalada; y el Yañez le dijo á Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, que eran capitanes, y aun deudos mios; el Alonso Yañez se allegaba á su compañía, como criado de aquellos capitanes, y se lo dijeron á Cortés, y secretamente se abrió la puerta, y cuando fué abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro é planchas, y tejuelos muchos, y piedras de chalchihuis y otras muy grandes riquezas; quedaron elevados, y no supieron qué decir de tantas riquezas; y luego lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos á ver muy secretamente; y como yo lo vi, digo que me admiré, é como en aquel tiempo era mancebo y no habia visto en mi vida riquezas como aquellas, tuve por cierto que en el mundo no debiera haber otras tantas; é acordóse por todos nuestros capitanes é soldados que ni por pensamiento se tocase en cosa ninguna dellas, sino que la misma puerta se tornase luego á poner sus piedras y cerrase y encalase de la manera que la hallamos, y que no se hablase en ello, porque no lo alcanzase á saber Montezuma, hasta ver otro tiempo.

Dejemos esto desta riqueza, y digamos que, como teniamos tan esforzados capitanes y soldados, y de muchos buenos consejos y pareceres, y primeramente nuestro Señor Jesucristo ponia su divina mano en todas nuestras cosas, y así lo teniamos por cierto, apartaron á Cortés cuatro de nuestros capitanes, y juntamente doce soldados de quien él se fiaba é comunicaba, é yo era uno dellos, y le dijimos que mirase la red y garlito donde estábamos, y la fortaleza de aquella ciudad, y mirase las puentes y calzadas, y las palabras y avisos que en todos los pueblos por donde hemos venido nos han dado, que habia aconsejado el Huichilóbos á Montezuma que nos dejase entrar en su ciudad, é que allí

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