nuestros soldados, que uno dellos era carpintero de lo blanco, que se decia Alonso Yañez, vió en una pared una como señal que habia sido puerta, que estaba cerrada y muy bien encalada é bruñida; y como habia fama é teniamos relacion que en aquel aposento tenia Montezuma el tesoro de su padre Axayaca, sospechóse que estaria en aquella sala, que estaba de pocos dias cerrada y encalada; y el Yañez le dijo á Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, que eran capitanes, y aun deudos mios; el Alonso Yañez se allegaba á su compañía, como criado de aquellos capitanes, y se lo dijeron á Cortés, y secretamente se abrió la puerta, y cuando fué abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro é planchas, y tejuelos muchos, y piedras de chalchihuis y otras muy grandes riquezas; quedaron elevados, y no supieron qué decir de tantas riquezas; y luego lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos á ver muy secretamente; y como yo lo vi, digo que me admiré, é como en aquel tiempo era mancebo y no habia visto en mi vida riquezas como aquellas, tuve por cierto que en el mundo no debiera haber otras tantas; é acordóse por todos nuestros capitanes é soldados que ni por pensamiento se tocase en cosa ninguna dellas, sino que la misma puerta se tornase luego á poner sus piedras y cerrase y encalase de la manera que la hallamos, y que no se hablase en ello, porque no lo alcanzase á saber Montezuma, hasta ver otro tiempo.
Dejemos esto desta riqueza, y digamos que, como teniamos tan esforzados capitanes y soldados, y de muchos buenos consejos y pareceres, y primeramente nuestro Señor Jesucristo ponia su divina mano en todas nuestras cosas, y así lo teniamos por cierto, apartaron á Cortés cuatro de nuestros capitanes, y juntamente doce soldados de quien él se fiaba é comunicaba, é yo era uno dellos, y le dijimos que mirase la red y garlito donde estábamos, y la fortaleza de aquella ciudad, y mirase las puentes y calzadas, y las palabras y avisos que en todos los pueblos por donde hemos venido nos han dado, que habia aconsejado el Huichilóbos á Montezuma que nos dejase entrar en su ciudad, é que allí