en granos, y que así lo recibe, y les mostró mucho amor; y parece ser tenian concertado entre todos los caciques de darnos sus hijas y sobrinas, las más hermosas que tenian, que fuesen doncellas por casar; y dijo el viejo Xicotenga:
—«Malinche, porque más claramente conozcais el bien que os queremos y deseamos en todo contentaros, nosotros os queremos dar nuestras hijas para que sean vuestras mujeres y hagais generacion, porque queremos teneros por hermanos, pues sois tan buenos y esforzados. Yo tengo una hija muy hermosa, é no ha sido casada, é quiérola para vos.»
Y asimismo Masse-Escaci y todos los más caciques dijeron que traerian sus hijas y que las recibiésemos por mujeres, y dijeron otros muchos ofrecimientos, y en todo el dia no se quitaban, así el Masse-Escaci como el Xicotenga, de cabe Cortés; y como era ciego, de viejo, el Xicotenga, con la mano atentaba á Cortés en la cabeza y en las barbas y rostro, y se la traia por todo el cuerpo; y Cortés les respondió á lo de las mujeres, que él y todos nosotros se lo teniamos en merced, y que en buenas obras se lo pagariamos el tiempo andando; y estaba allí presente el padre de la Merced, y Cortés le dijo:
—«Señor padre, paréceme que será ahora bien que demos un tiento á estos caciques para que dejen sus ídolos y no sacrifiquen, porque harán cualquier cosa que les mandarémos, por causa del gran temor que tienen á los mejicanos.»
Y el fraile dijo:
—«Señor, bien es; pero dejémoslo hasta que traigan las hijas y entónces habrá materia para ello, y dirá vuesamerced que no las quiere recibir hasta que prometan de no sacrificar: si aprovechare, bien; si no harémos lo que somos obligados.»
Y así quedó para otro dia, y lo que se hizo se dirá adelante.