É un marinero habia rescatado secretamente siete hachas y estaba muy alegre con ellas, y parece ser que otro marinero lo dijo al capitan, é mandóle que las diese; y porque rogamos por él, se las dejó, creyendo que eran de oro.
Tambien me acuerdo que un soldado que se decia Bartolomé Pardo fué á una casa de ídolos, que ya he dicho que se decia cues, que es como quien dice casa de sus dioses, que estaba en un cerro alto, y en aquella casa halló muchos ídolos, é copal, que es como incienso, que es con que zahuman, y cuchillos de pedernal, con que sacrificaban ó retajaban, é unas arcas de madera, y en ellas muchas piezas de oro, que eran diademas é collares, é dos ídolos, y otros como cuentas; y aquel oro tomó el soldado para sí, y los ídolos del sacrificio trujo al capitan.
Y no faltó quien le vió é lo dijo al Grijalva, y se lo queria tomar; é rogámosle que se lo dejase; y como era de buena condicion, que sacado el quinto de S. M., que lo demás fuese para el pobre soldado; y no valía ochenta pesos.
Tambien quiero decir cómo yo sembré unas pepitas de naranjas junto á otras casas de ídolos, y fué desta manera: que como habia muchos mosquitos en aquel rio, fuíme á dormir á una casa alta de ídolos, é allí junto á aquella casa sembré siete ú ocho pepitas de naranjas que habia traido de Cuba, é nacieron muy bien; porque parece ser que los papas de aquellos ídolos les pusieron defensa para que no las comiesen hormigas, é les regaban é limpiaban desque vieron que eran plantas diferentes de las suyas.
He traido aquí esto á la memoria para que se sepa que estos fueron los primeros naranjos que se plantaron en la Nueva-España, porque despues de ganado Méjico é pacíficos los pueblos sujetos de Guacacualco, túvose por la mejor provincia, por causa de estar en la mejor conmodacion de toda la Nueva-España, así por las minas, que las habia, como por el buen