que él nos quiere hacer mucha honra, como á personas tan esforzadas y mensajeros de tan alto Rey como decis que es, é porque no tiene que nos dar de comer, que á la ciudad se lleva todo el bastimento de acarreo, por estar en la laguna poblados, no lo podia hacer tan cumplidamente; mas que él procurará de hacernos toda la más honra que pudiere, y que por los pueblos por donde habiamos de pasar, que él ha mandado que nos dén lo que hubiéremos menester.»
É dijo otros muchos cumplimientos de palabra.
Y como Cortés lo entendió por nuestras lenguas, recibió aquel presente con muestras de amor, é abrazó á los mensajeros y les mandó dar ciertos diamantes torcidos, é todos nuestros capitanes é soldados nos alegramos con tan buenas nuevas, é mandarnos que vamos á su ciudad, porque de dia en dia lo estábamos deseando todos los más soldados, especial los que no dejábamos en la isla de Cuba bienes ningunos, é habiamos venido dos veces á descubrir primero que Cortés.
Dejemos esto, y digamos cómo el capitan les dió buena respuesta y muy amorosa y mandó que se quedasen tres mensajeros de los que vinieron con el presente, para que fuesen con nosotros por guias, y los otros tres volvieron con la respuesta á su señor, y les avisaron que ya íbamos camino.
Y despues que aquella nuestra partida entendieron los caciques mayores de Tlascala, que se decian Xicotenga el viejo é ciego, y Masse-Escaci, los cuales he nombrado otras veces, les pesó en el alma, é enviaron á decir á Cortés que ya le habian dicho muchas veces que mirase lo que hacia, é se guardase de entrar en tan grande ciudad, donde habia tantas fuerzas y tanta multitud de guerreros; porque un dia ó otro nos darian guerra, é temian que no podriamos salir con las vidas; é que por la buena voluntad que nos tienen, que ellos quieren enviar diez mil hombres con capitanes esforzados, que vayan con nosotros con bastimento para el camino.