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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXI.

Y dijo Cortés á los soldados que allí nos hallamos:

—«Paréceme, señores, que ya que no podemos hacer otra cosa, que se ponga una cruz.»

Y respondió el Padre fray Bartolomé de Olmedo:

—«Paréceme, señor, que en estos pueblos no es tiempo para dejalles cruz en su poder, porque son algo desvergonzados y sin temor; y como son vasallos de Montezuma, no la quemen ó hagan alguna cosa mala; y esto que se les dijo basta hasta que tengan más conocimiento de nuestra santa fe.»

Y así se quedó sin poner la cruz.

Dejemos esto y de las santas amonestaciones que les haciamos, y digamos que como llevábamos un lebrel de muy gran cuerpo, que era de Francisco de Lugo, y ladraba mucho de noche, parece ser preguntaban aquellos caciques del pueblo á los amigos que traiamos de Cempoal que si era tigre ó leon, ó cosa con que mataban los indios; y respondieron:

—«Tráenle para que cuando alguno los enoja los mate.»

Y tambien les preguntaron que aquellas bombardas que traiamos, qué haciamos con ellas; y respondieron que con unas piedras que metiamos dentro dellas matábamos á quien queriamos; y que los caballos corrian como venados, y alcanzábamos con ellos á quien les mandábamos.

Y dijo el Olintecle y los demás principales:

—«Luego desa manera teules deben de ser.»

Ya he dicho otras veces que á los ídolos ó sus dioses ó cosas malas llamaban teules.

Y respondieron nuestros amigos:

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