Y dijo Cortés á los soldados que allí nos hallamos:
—«Paréceme, señores, que ya que no podemos hacer otra cosa, que se ponga una cruz.»
Y respondió el Padre fray Bartolomé de Olmedo:
—«Paréceme, señor, que en estos pueblos no es tiempo para dejalles cruz en su poder, porque son algo desvergonzados y sin temor; y como son vasallos de Montezuma, no la quemen ó hagan alguna cosa mala; y esto que se les dijo basta hasta que tengan más conocimiento de nuestra santa fe.»
Y así se quedó sin poner la cruz.
Dejemos esto y de las santas amonestaciones que les haciamos, y digamos que como llevábamos un lebrel de muy gran cuerpo, que era de Francisco de Lugo, y ladraba mucho de noche, parece ser preguntaban aquellos caciques del pueblo á los amigos que traiamos de Cempoal que si era tigre ó leon, ó cosa con que mataban los indios; y respondieron:
—«Tráenle para que cuando alguno los enoja los mate.»
Y tambien les preguntaron que aquellas bombardas que traiamos, qué haciamos con ellas; y respondieron que con unas piedras que metiamos dentro dellas matábamos á quien queriamos; y que los caballos corrian como venados, y alcanzábamos con ellos á quien les mandábamos.
Y dijo el Olintecle y los demás principales:
—«Luego desa manera teules deben de ser.»
Ya he dicho otras veces que á los ídolos ó sus dioses ó cosas malas llamaban teules.
Y respondieron nuestros amigos: