los dos papas amigos nuestros que nos descubrieron el secreto, y la vieja mujer del capitan que queria ser suegra de doña Marina (como ya he dicho otra vez), y todos rogaron á Cortés fuesen perdonados.
Y Cortés cuando se lo decian mostró tener grande enojo, y mandó llamar á los embajadores de Montezuma que estaban detenidos en nuestra compañía, y dijo que, puesto que toda aquella ciudad merecia ser asolada y que pagaran con las vidas, que teniendo respeto á su señor Montezuma, cuyos vasallos son, los perdona, é que de allí adelante que sean buenos, é no les acontezca otra como la pasada, que morirán por ello.
Y luego mandó llamar los caciques de Tlascala que estaban en el campo, é les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habian cautivado, que bastaban los males que habian hecho.
Y puesto que se les hacia de mal de volvello, é decian que de muchos más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella ciudad han recibido, por mandallo Cortés volvieron muchas personas; mas ellos quedaron desta vez ricos así de oro é mantas, é algodon y sal é esclavos.