Así que, dijeron y dieron por respuesta que no curásemos más de les hablar en aquella cosa, porque no los habian de dejar de sacrificar aunque los matasen.
Y desque vimos aquella respuesta, que la daban tan de veras y sin temor, dijo el padre de la Merced, que era entendido é teólogo:
—«Señor, no cure vuesamerced de más les importunar sobre esto, que no es justo que por fuerza les hagamos ser cristianos, y aun lo que hicimos en Cempoal en derrocalles sus ídolos, no quisiera yo que se hiciera hasta que tengan conocimiento de nuestra santa fe; ¿qué aprovecha quitalles ahora sus ídolos de un cu y adoratorio, si los pasan luego á otros? Bien es que vayan sintiendo nuestras amonestaciones, que son santas y buenas, para que conozcan adelante los buenos consejos que les damos.»
Y tambien le hablaron á Cortés tres caballeros, que fueron Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, y dijeron á Cortés:
—«Muy bien dice el Padre, y vuesamerced con lo que ha hecho cumple, y no se toque más á estos caciques sobre el caso.»
Y así se hizo.
Lo que les mandamos con ruegos fué, que luego desembarazasen un cu que estaba allí cerca y era nuevamente hecho, é quitasen unos ídolos, y lo encalasen y limpiasen para poner en él una cruz y la imágen de Nuestra Señora; lo cual luego lo hicieron, y en él se dijo Misa y se bautizaron aquellas cacicas, y se puso nombre á la hija del Xicotenga doña Luisa, y Cortés la tomó por la mano, y se la dió á Pedro de Albarado, y dijo á Xicotenga que aquel á quien la daba era su hermano y su capitan, y que lo hubiese por bien, porque seria dél muy bien tratada, y el Xicotenga recibió contentamiento dello; y la hija ó sobrina de Masse-Escaci se puso