de oro. Y sobre ello al cacique gordo y á los demás principales les dijeron muchas amenazas, é que luego les diesen veinte indios é indias para aplacar á sus dioses por el mal oficio que habia hecho.
Y estando en esto, viéndole Cortés, preguntó á doña Marina é Jerónimo de Aguilar, nuestras lenguas, de qué estaban alborotados los caciques desque vinieron aquellos indios, é quién eran. É doña Marina, que muy bien lo entendió, se lo contó lo que pasaba; é luego Cortés mandó llamar al cacique gordo y á todos los más principales, y les dijo que quién eran aquellos indios, que les hacian tanta fiesta.
Y dijeron que los recaudadores del gran Montezuma, é que vienen á ver por qué causa nos recibian en el pueblo sin licencia de su señor, y que les demandan ahora veinte indios é indias para sacrificar á sus dioses Huichilóbos porque les dé vitoria contra nosotros, porque han dicho que dice Montezuma que os quiere tomar para que seais sus esclavos; y Cortés les consoló é que no hubiesen miedo, que él estaba allí con todos nosotros y que los castigaria.