que iba con Cortés, y en aquella carta del fraile le avisaban á Cortés sus dos compañeros Andrés del Duero y el Contador de lo que pasaba: volvamos á nuestro cuento.
Pues como al Ordás lo habia enviado Cortés á lo de los bastimentos con el navío (como dicho tengo), no tenia Cortés contraditor sino á Juan Velazquez de Leon; luego que le habló lo trujo á su mandado, y especialmente que el Juan Velazquez no estaba bien con el pariente, porque no le habia dado buenos indios.
Pues á todos los más que habia escrito el Diego Velazquez, ninguno le acudia á su propósito; ántes todos á una se mostraron por Cortés, y el teniente Pedro Barba muy mejor; y demás desto, aquellos hidalgos Albarados, y el Alonso Hernandez Puertocarrero, y Francisco de Montejo, y Cristóbal de Olí, y Juan de Escalante, é Andrés de Monjaraz, y su hermano Gregorio de Monjaraz, y todos nosotros pusiéramos la vida por el Cortés.
Por manera que si en la villa de la Trinidad se disimularon los mandamientos, muy mejor se callaron en la Habana entónces; y con el mismo Garnica escribió el teniente Pedro Barba al Diego Velazquez, que no osó prender á Cortés porque estaba muy pujante de soldados, é que hubo temor no metiese á sacomano la villa y la robase, y embarcase todos los vecinos y se los llevase consigo. É que, á lo que ha entendido, que Cortés era su servidor, é que no se atrevió á hacer otra cosa.
Y Cortés le escribió al Velazquez con palabras tan buenas y de ofrecimientos, que los sabia muy bien decir, é que otro dia se haria á la vela, y que le seria muy servidor.