aquel viaje á servir á su majestad, y con palabras sabrosas é ofrecimientos para atraer á sí muchas personas de calidad que estaban en aquella villa poblados, que se decian Alonso Hernandez Puertocarrero, primo del conde de Medellin, y Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor é gobernador que fué ocho meses, y capitan que despues fué en la Nueva-España, y á Juan Velazquez de Leon, pariente del gobernador Velazquez, y Rodrigo Rangel y Gonzalo Lopez de Jimena y su hermano Juan Lopez, y Juan Sedeño.
Este Juan Sedeño era vecino de aquella villa; y declárolo así porque habia en nuestra armada otros dos Sedeños; y todos estos que he nombrado, personas muy generosas, vinieron á la villa de la Trinidad, donde Cortés estaba; y como lo supo que venian, los salió á recibir con todos nosotros los soldados que estábamos en su compañía, y se dispararon muchos tiros de artillería y les mostró mucho amor, y ellos le tenian grande acato.
Digamos ahora cómo todas las personas que he nombrado, vecinos de la Trinidad, tenian en sus estancias, donde hacian el pan cazabe, y manadas de puercos cerca de aquella villa, y cada uno procuró de poner el más bastimento que podia.
Pues estando desta manera recogiendo soldados y comprando caballos, que en aquella sazon é tiempo no los habia, sino muy pocos y caros; y como aquel hidalgo por mí ya nombrado, que se decia Alfonso Hernandez Puertocarrero, no tenia caballo ni aun de qué comprallo, Cortés le compró una yegua rucia y dió por ella unas lazadas de oro que traia en la ropa de terciopelo que mandó hacer en Santiago de Cuba (como dicho tengo); y en aquel instante vino un navío de la Habana á aquel puerto de la Trinidad, que traia un Juan Sedeño, vecino de la misma Habana, cargado de pan cazabe y tocinos que iba á vender á unas minas de oro cerca de Santiago de Cuba; y como saltó en tierra el Juan Sedeño, fué á besar las manos á Cortés, y despues de muchas pláticas que tuvieron, le compró el navío y tocinos y cazabe fiado, y se fué el Juan de Sedeño con nosotros.