Pues en todo lo que escribe de cuándo vino el capitan Narvaez y de cómo le desbaratamos, escribe segun é como las relaciones. Pues en las batallas de Taxcala hasta que hicimos las paces, en todo escribe muy léjos de lo que pasó.
Pues las guerras de Méjico de cuando nos desbarataron y echaron de la ciudad, é nos mataron é sacrificaron sobre ochocientos y sesenta soldados; digo otra vez sobre ochocientos y sesenta soldados, porque de mil trecientos que entramos al socorro de Pedro de Albarado, é íbamos en aquel socorro los de Narvaez é los de Cortés, que eran los mil y trecientos que he dicho, no escapamos sino cuatrocientos y cuarenta, é todos heridos, y dícelo de manera como si no fuera nada.
Pues desque tornamos á conquistar la gran ciudad de Méjico é la ganamos, tampoco dice los soldados que nos mataron é hirieron en las conquistas, sino que todo lo hallábamos como quien va á bodas y regocijos.
¿Para qué meto yo aquí tanto la pluma en contar cada cosa por sí, que es gastar papel y tinta? Porque si en todo lo que escribe va de aquesta arte, es gran lástima; y puesto que él lleve buen estilo, habia de ver que para que diese fe á lo demás que dice, que en esto se habia de esmerar.
Dejemos esta plática, é volveré á mi materia; que despues de bien mirado todo lo que he dicho que escribe Gómora, que por ser tan léjos de lo que pasó es en perjuicio de tantos, torno á proseguir en mi relacion é historia; porque dicen sábios varones que la buena política y agraciado componer es decir verdad en lo que escribieren, y la mera verdad resiste á mi rudeza; y mirando en esto que he dicho, acordé de seguir mi intento con el ornato y pláticas que adelante se verán, para que salga á luz y se vean las conquistas de la Nueva-España claramente y como se han de ver, y su majestad sea servido conocer los grandes é notables servicios que le hicimos los verdaderos conquistadores, pues tan pocos soldados como