estábamos, porque allí estaban las casas del cacique y nuestros aposentos; y pasaron con tanta contenencia y presuncion, que sin hablar á Cortés ni á ninguno de nosotros se fueron é pasaron delante; y traian ricas mantas labradas, y los bragueros de la misma manera (que entónces bragueros se ponian), y el cabello lucio é alzado, como atado en la cabeza, y cada uno unas rosas oliéndolas, y mosqueadores que les traian otros indios como criados, y cada uno un bordon con un garabato en la mano, y muy acompañados de principales de otros pueblos de la lengua totonaque; y hasta que los llevaron á aposentar y les dieron de comer muy altamente no les dejaron de acompañar.
Y despues que hubieron comido mandaron llamar al cacique gordo é á los demás principales, y les dijeron muchas amenazas y les riñeron que por qué nos habian hospedado en sus pueblos, y les dijeron que qué tenian ahora que hablar y ver con nosotros. É que su señor Montezuma no era servido de aquello, porque sin su licencia y mandado no nos habian de recoger en su pueblo ni dar joyas