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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXXXIII.

son papas que no tenian temor de nosotros; que si el cacique y principales no han querido venir, que él iria á les llamar, y que como él les hable, que tiene creido que no harán otra cosa y que vendrán; é luego Cortés dijo que fuese en buen hora, y quedase su compañero allí aguardando hasta que viniesen; é fué aquel papa é llamó al cacique é principales, é luego vinieron juntamente con él al aposento de Cortés, y les preguntó con nuestras lenguas doña Marina é Aguilar, que por qué habian miedo é por qué causa no nos daban de comer, y que si reciben pena de nuestra estada en la ciudad, que otro dia por la mañana nos queriamos partir para Méjico á ver é hablar al señor Montezuma, é que le tengan aparejados tamemes para llevar el fardaje é tepuzques, que son las bombardas; é tambien, que luego traigan comida; y el cacique estaba tan cortado, que no acertaba á hablar, y dijo que la comida que la buscarian; mas que su señor Montezuma les ha enviado á mandar que no la diesen, ni queria que pasásemos de allí adelante; y estando en estas pláticas vinieron tres indios de los de Cempoal, nuestros amigos, y secretamente dijeron á Cortés que habian hallado junto adonde estábamos aposentados hechos hoyos en las calles é cubiertos con madera é tierra, que no mirando mucho en ello no se podria ver, é que quitaron la tierra de encima de un hoyo, que estaba lleno de estacas muy agudas para matar los caballos que corriesen, é que las azuteas que las tienen llenas de piedras é mamparos de adobes; y que ciertamente estaban de buen arte, porque tambien hallaron albarradas de maderos gruesos en otra calle; y en aquel instante vinieron ocho indios tlascaltecas de los que dejamos en el campo, que no entraron en Cholula, y dijeron á Cortés:

—«Mira, Malinche, que esta ciudad está de mala manera, porque sabemos que esta noche han sacrificado á su ídolo que es el de la guerra, siete personas, y los cinco dellos son niños, porque les dé victoria contra vosotros; é tambien hemos visto que sacan todo el fardaje é mujeres é niños.»

Y como aquello oyó Cortés, luego los despachó para que fuesen á sus capitanes los tlascaltecas, que estuviesen muy aparejados si los enviásemos

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