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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXXXVII.

gran señor, tener tantas mudanzas, que unas veces dice uno y otras envia á mandar al contrario.

Y que en cuanto á lo que dice que dará el oro para nuestro señor el Emperador y para nosotros, que se lo tiene en merced, y por aquello que ahora le envia, que en buenas obras se lo pagará, el tiempo andando; y que si le parecerá bien que estando tan cerca de su ciudad, será bueno volvernos del camino sin hacer aquello que nuestro señor nos manda.

Que si el señor Montezuma hubiese enviado mensajeros y embajadores á algun gran señor, como él es, é ya que llegasen cerca de su casa aquellos mensajeros que enviaba se volviesen sin le hablar y decille á lo que iban, cuando volviesen ante su presencia con aquel recaudo, ¿qué merced les haria, sino tenellos por cobardes y de poca calidad?

Que así haria el Emperador nuestro señor con nosotros; y que de una manera ó otra que habiamos de entrar en su ciudad, y desde allí adelante que no le enviase más excusas sobre aquel caso, porque le ha de ver y hablar y dar razon de todo el recaudo á que hemos venido, y ha de ser á su sola persona; y cuando lo haya entendido, si no le pareciere bien nuestra estada en su ciudad, que nos volveremos por donde venimos.

É cuanto á lo que dice, que no tiene comida sino muy poco, é que no nos podremos sustentar, que somos hombres que con poca cosa que comemos nos pasamos, é que ya vamos á su ciudad, que haya por bien nuestra ida.

Y luego en despachando los mensajeros, comenzamos á caminar para Méjico; y como nos habian dicho y avisado los de Guaxocingo y los de Chalco que Montezuma habia tenido pláticas con sus ídolos y papas que si nos dejaria entrar en Méjico ó si nos daria guerra, y todos sus papas le respondieron que decia su Huichilóbos que nos dejase entrar, que allí nos podrá matar, segun dicho tengo otras veces en el capítulo que dello habla; y como somos hombres y tememos la muerte, no dejábamos de

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