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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XXIII.

Francisco de Morla, un caballo castaño oscuro, gran corredor y revuelto.

Juan de Escalante, un caballo castaño claro, tresalvo, no fué bueno.

Diego de Ordás, una yegua rucia, machorra, pasadera aunque corria poco.

Gonzalo Dominguez, un muy extremado jinete, un caballo castaño oscuro muy bueno y grande corredor.

Pedro Gonzalez de Trujillo, un buen caballo castaño, perfecto castaño, que corria muy bien.

Moron, vecino del Vaimo, un caballo overo labrado de las manos, y era bien revuelto.

Vaena, vecino de la Trinidad, un caballo overo algo sobre morcillo: no salió bueno.

Lares, él muy buen jinete, un caballo muy bueno, de color castaño, algo claro y buen corredor.

Ortiz el músico, y un Bartolomé García, que solia tener minas de oro, un muy buen caballo oscuro que decian el Arriero: este fué uno de los buenos caballos que pasamos en la armada.

Juan Sedeño, vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió en el navío.

Este Juan Sedeño pasó el más rico soldado que hubo en toda la armada, porque trujo un navío suyo, y la yegua y un negro, é cazabe é tocinos; porque en aquella sazon no se podia hallar caballos ni negros sino era á peso de oro, y á esta causa no pasaron más caballos, porque no los habia.

Y dejallos hé aquí, y diré lo que allá nos avino, ya que estamos á punto para nos embarcar.

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