Y acabada la plática, luego nos partimos; é como habian venido aquellos caciques que dicho tengo, traian mucha gente consigo y de otros muchos pueblos que están en aquella comarca, que salian á vernos, todos los caminos estaban llenos dellos; y otro dia por la mañana llegamos á la calzada ancha, íbamos camino de Iztapalapa; y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha por nivel cómo iba á Méjico, nos quedamos admirados, y deciamos que parecia á las casas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cues y edificios que tenian dentro en el agua, y todas de cal y canto; y aun algunos de nuestros soldados decian que si aquello que veian si era entre sueños.
Y no es de maravillar que yo aquí lo escriba desta manera, porque hay que ponderar mucho en ello, que no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca oidas ni vistas y aun soñadas, como vimos.