despues de nos encomendar á Dios, cada uno hiciese lo que pudiese para salvar las vidas.
Ya que era de dia claro vimos venir por la costa muchos más escuadrones guerreros con sus banderas tendidas, y penachos y atambores, y con arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y se juntaron con los primeros que habian venido la noche ántes; y luego, hechos sus escuadrones, nos cercan por todas partes, y nos dan tal rociada de flechas y varas, y piedras con sus hondas, que hirieron sobre ochenta de nuestros soldados, y se juntaron con nosotros pié con pié, unos con lanzas, y otros flechando, y otros con espadas de navajas de arte, que nos traian á mal andar, puesto que les dábamos buena priesa de estocadas y cuchilladas, y las escopetas y ballestas que no paraban, unas armando y otras tirando; y ya que se apartaban algo de nosotros, desque sentian las grandes estocadas y cuchilladas que les dábamos, no era léjos, y esto fué para mejor flechar y tirar al terrero á su salvo; y cuando estábamos en esta batalla, y los indios se apellidaban, decian en su lengua, al Calachoni, al Calachoni, que quiere decir que matasen al capitan; y le dieron doce flechazos, y á mí me dieron tres, y uno de los que me dieron, bien peligroso, en el costado izquierdo, que me pasó á lo hueco, y á otros de nuestros soldados dieron grandes lanzadas, y á dos llevaron vivos, que se decia el uno Alonso Bote y el otro era un portugués viejo.
Pues viendo nuestro capitan que no bastaba nuestro buen pelear, y que nos cercaban muchos escuadrones, y venian más de refresco del pueblo, y les traian de comer y beber y muchas flechas, y nosotros todos heridos, y otros soldados atravesados los gaznates, y nos habia muerto ya sobre cincuenta soldados; y viendo que no teniamos fuerzas, acordamos con corazones muy fuertes romper por medio de sus batallones, y acogernos á los bateles que teniamos en la costa, que fué buen socorro, y hechos todos nosotros un escuadron, rompimos por ellos; pues oir la grita y silbos y vocería y priesa que nos daban de flecha y á mantiniente con sus lanzas, hiriendo siempre en nosotros.
Pues otro daño tuvimos, que, como nos acogimos de golpe á los bateles y éramos muchos, íbanse á fondo, y como mejor pudimos, asidos á los bordes, medio nadando entre dos aguas, llegamos al navío de ménos porte, que estaba cerca, que ya venia á gran priesa á nos socorrer, y al embarcar hirieron muchos de nuestros soldados, en especial á los que iban asidos en las popas de los bateles, y les tiraban al terrero, y entraron en la mar con las lanchas y daban á mantiniente á nuestros soldados, y con mucho trabajo quiso