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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXII.

de hierro era forzoso deshacerla, y hecha de tal manera, que para defensa era harto recia tomar; y detuvímonos á mirar en ella, y preguntó Cortés á los indios de Zocotlan que á qué fin tenian aquella fuerza de aquella manera; y dijeron que, como entre su señor Montezuma y los de Tlascala tenian guerras á la continua, que los tlascaltecas para defender mejor sus pueblos la habian hecho tan fuerte, porque ya aquella es su tierra; y reparamos un rato, y nos dió bien que pensar en ello y en la fortaleza.

Y Cortés dijo:

—«Señores, sigamos nuestra bandera, que es la señal de la Santa Cruz, que con ella venceremos.»

Y todos á una le respondimos que vamos mucho en buen hora, que Dios es fuerza verdadera; y así, comenzamos á caminar con el concierto que he dicho, y no léjos vieron nuestros corredores del campo hasta obra de treinta indios que estaban por espías, y tenian espadas de dos manos, rodelas, lanzas y penachos, y las espadas son de pedernales, que cortan más que navajas, puestas de arte que no se pueden quebrar ni quitar las navajas, y son largas como montantes, y tenian sus divisas y penachos; y como nuestros corredores del campo los vieron, volvieron á dar mandado.

Y Cortés mandó á los mismos de á caballo que corriesen tras ellos y que procurasen tomar algunos sin heridas; y luego envió otros cinco de á caballo, porque si hubiese alguna celada, para que se ayudasen; y con todo nuestro ejército dimos priesa y el paso largo, y con gran concierto, porque los amigos que teniamos nos dijeron que ciertamente traian gran copia de guerreros en celadas; y desque los treinta indios que estaban por espías vieron que los de á caballo iban hácia ellos y los llamaban con la mano, no quisieron aguardar, hasta que los alcanzaron y quisieron tomar á algunos dellos; mas defendiéronse muy bien, que con los montantes y

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