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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXXXVIII.

DEL GRAN É SOLENE RECEBIMIENTO QUE NOS HIZO EL GRAN MONTEZUMA Á CORTÉS Y Á TODOS NOSOTROS EN LA ENTRADA DE LA GRAN CIUDAD DE MÉJICO.

Luego otro dia de mañana partimos de Iztapalapa muy acompañados de aquellos grandes caciques que atrás he dicho.

Íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y va tan derecha á la ciudad de Méjico, que me parece que no se tuerce poco ni mucho; é puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas gentes, que no cabian, unos que entraban en Méjico y otros que salian, que nos venian á ver, que no nos podiamos rodear de tantos como vinieron, porque estaban llenas las torres y cues y en las canoas y de todas partes de la laguna; y no era cosa de maravillar, porque jamás habian visto caballos ni hombres como nosotros.

Y de que vimos cosas tan admirables, no sabiamos qué nos decir, ó si era verdad lo que por delante parecia, que por una parte en tierra habia grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, é víamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho á trecho, y por delante estaba la gran ciudad de Méjico, y nosotros aun no llegábamos á cuatro cientos cincuenta soldados, y teniamos muy bien en la memoria las pláticas é avisos que nos dieron los de Guaxocingo é Tlascala y Talmanalco, y con otros muchos consejos que nos habian dado para que nos guardásemos de entrar en Méjico, que nos habian de matar cuando dentro nos tuviesen.

Miren los curiosos letores esto que escribo, si habia bien que ponderar en ello; ¿qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento tuviesen? Pasemos adelante, y vamos por nuestra calzada.

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