Íbanse retrayendo hácia unos arcabuezos, donde estaban en celada sobre más de cuarenta mil guerreros con su capitan general, que se decia Xicotenga, y con sus divisas de blanco y colorado, porque aquella divisa y librea era de aquel Xicotenga; y como habia allí unas quebradas, no nos podiamos aprovechar de los caballos, y con mucho concierto los pasamos.
Al pasar tuvimos muy gran peligro, porque se aprovechaban de su buen flechar, y con sus lanzas y montantes nos hacian mala obra, y aun las hondas y piedras como granizo eran harto malas; y como nos vimos en lo llano con los caballos y artillería, nos lo pagaban, que matábamos muchos; mas no osábamos deshacer nuestro escuadron, porque el soldado que en algo se desmandaba para seguir algunos indios de los montantes ó capitanes, luego era herido y corria gran peligro.
Y andando en estas batallas, nos cercan por todas partes, que no nos podiamos valer poco ni mucho; que no osábamos arremeter á ellos si no era todos juntos, porque no nos desconcertasen y rompiesen; y si arremetiamos como dicho tengo, hallábamos sobre veinte escuadrones sobre nosotros, que nos resistian; y estaban nuestras vidas en mucho peligro, porque eran tantos guerreros, que á puñados de tierra nos cegaran, sino que la gran misericordia de Dios nos socorria y nos guardaba.
Y andando en estas priesas entre aquellos grandes guerreros y sus temerosos montantes, parece ser acordaron de se juntar muchos dellos y de mayores fuerzas para tomar á manos á algun caballo, y lo pusieron por obra, y arremetieron, y echan mano á una muy buena yegua y bien revuelta, de juego y de carrera, y el caballero que en ella iba muy buen jinete, que se decia Pedro de Moron; y como entró rompiendo con otros tres de á caballo entre los escuadrones de los contrarios, porque así les era mandado, porque se ayudasen unos á otros, échanle mano de la lanza, que no la pudo sacar, y otros le dan de cuchilladas con los montantes y le