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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXVIII.

hasta que fuera de dia, que no se les hizo daño ninguno; y como unos papas que estaban en unos cues, los mayores del pueblo y otros viejos principales vieron que estábamos allí sin les hacer enojo ninguno, vienen á Cortés y le dicen que les perdonen porque no han ido á nuestro real de paz ni llevar de comer cuando los enviamos á llamar, y la causa ha sido que el capitan Xicotenga, que está de allí muy cerca, se lo ha enviado á decir que no lo dén; y porque de aquel pueblo y otros muchos le bastecen su real, é que tiene consigo todos los hombres de guerra y de toda la tierra de Tlascala.

Y Cortés les dijo con nuestras lenguas, doña Marina y Aguilar, que siempre iban con nosotros á cualquiera entrada que íbamos, y aunque fuese de noche, que no hubiesen miedo, y que luego fuesen á decir á sus caciques á la cabecera que vengan de paz, porque la guerra es mala para ellos; y envió á aquestos papas, porque de los otros mensajeros que habiamos enviado aún no teniamos respuesta ninguna sobre que enviaban á tratar las paces los caciques de Tlascala con los cuatro principales, que aún no habian venido; é aquellos papas de aquel pueblo buscaron de presto más de cuarenta gallinas é gallos, y dos indias para moler tortillas, y las trujeron, y Cortés se lo agradeció, y mandó luego le llevasen veinte indios de aquel pueblo á nuestro real, y sin temor ninguno fueron con el bastimento, y se estuvieron en el real hasta la tarde, y se les dió contezuelas, con que volvieron muy contentos á sus casas á todas aquellas caserías.

Nuestros vecinos decian que éramos buenos, que no les enojábamos, y aquellos viejos y papas avisaron dello al capitan Xicotenga cómo habian dado la comida y las indias, y riñó mucho con ellos, y fueron luego á la cabecera á hacello saber á los caciques viejos; y como supieron que no les haciamos mal ninguno, y aunque pudiéramos matalles aquella noche muchos de sus gentes, y les enviábamos á demandar paces, se holgaron y les mandaron que cada dia nos trujesen todo lo que hubiésemos menester, y tornaron otra vez á mandar á los cuatro principales, que otras

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