que no maten ni sacrifiquen á ninguna persona, como lo suelen hacer; y que todos nosotros somos hombres de hueso y de carne como ellos, y no teules, sino cristianos, y que no tenemos costumbre de matar á ningunos; que si matar quisiéramos, que todas las veces que nos dieron guerra de dia y de noche habia en ellos hartos en que pudiéramos hacer crueldades, y que por aquella comida que allí traen se lo agradece, y que no sean más locos de lo que han sido, y vengan de paz.
Y parece ser aquellos indios que envió el Xicotenga con la comida, eran espías para mirar nuestras chozas y entradas y salidas, y todo lo que en nuestro real habia, y ranchos y caballos y artillería, y cuántos estábamos en cada choza; y estuvieron aquel dia y la noche, y se iban unos con mensajes á su Xicotenga y venian otros; y los amigos que traiamos de Cempoal miraron y cayeron en ello, que no era cosa acostumbrada estar de dia ni de noche nuestros enemigos en el real sin propósito ninguno, y que cierto eran espías, y tomaron dellos más sospecha porque cuando fuimos á lo del pueblezuelo Cimpacingo, dijeron dos viejos de aquel pueblo á los de Cempoal, que estaba apercibido Xicotenga con muchos guerreros para dar en nuestro real de noche de manera que no fuesen sentidos, y los de Cempoal entónces tuviéronlo por burla y cosa de fieros, y por no sabello muy de cierto no se lo habian dicho á Cortés; y súpolo luego doña Marina, y ella lo dijo á Cortés; y para saber la verdad mandó Cortés apartar dos de los tlascaltecas que parecian más hombres de bien, y confesaron que eran espías de Xicotenga, y todo á la fin que venian; y Cortés les mandó soltar, y tomamos otros dos, y ni más ni ménos confesaron que eran espías; y tomáronse otros dos ni más ni ménos, y más dijeron, que estaba su capitan Xicotenga aguardando la respuesta para dar aquella noche con todas sus capitanías en nosotros; y como Cortés lo hubo entendido, lo hizo saber en todo el real para que estuviésemos muy alerta, creyendo que habia de venir, como lo tenian concertado.
Y luego mandó prender hasta diez y siete indios de aquellos espías, y dellos se le cortaron las manos y á otros los dedos pulgares, y los enviamos