CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
Página 222 de 463
Table of Contents

CAPÍTULO LXI.

fortaleza de Méjico y cómo estaban fundadas las casas sobre agua, y que de una casa á otra no se podia pasar sino por puentes que tenian hechas y en canoas; y las casas todas de azuteas, y en cada azutea si querian poner mamparos eran fortalezas; y que para entrar dentro en la ciudad que habia tres calzadas, y en cada calzada cuatro ó cinco aberturas por donde se pasaba el agua de una parte á otra; y en cada una de aquellas aberturas habia una puente, y con alzar cualquiera dellas, que son hechas de madera, no pueden entrar en Méjico; y luego dijo del mucho oro y plata y piedras chalchiuis y riquezas que tenia Montezuma, su señor, que nunca acababa de decir otras muchas cosas de cuán gran señor era, que Cortés y todos nosotros estábamos admirados de lo oir; y con todo cuanto contaban de su gran fortaleza y puentes, como somos de tal calidad los soldados españoles, quisiéramos ya estar probando ventura, y aunque nos parecia cosa imposible, segun lo señalaba y decia el Olintecle.

Y verdaderamente era Méjico muy más fuerte y tenia mayores pertrechos de albarradas que todo lo que decia; porque una cosa es haberlo visto de la manera y fuerzas que tenia, y no como lo escribo; y dijo que era tan gran señor Montezuma, que todo lo que queria señoreaba, y que no sabia si seria contento cuando supiese nuestra estada allí en aquel pueblo, por nos haber aposentado y dado de comer sin su licencia; y Cortés le dijo con nuestras lenguas: «Pues hágoos saber que nosotros venimos de léjas tierras por mandado de nuestro Rey y señor, que es el Emperador don Cárlos, de quien son vasallos muchos y grandes señores, y envia á mandar á ese vuestro gran Montezuma que no sacrifique ni mate ningunos indios, ni robe sus vasallos ni tome ningunas tierras, y para que dé la obediencia á nuestro Rey y señor; y ahora lo digo asimismo á vos, Olintecle, y á todos los más caciques que aquí estais, que dejeis vuestros sacrificios y no comais carnes de vuestros prójimos, ni hagais sodomías ni las cosas feas que soleis hacer, porque así lo manda nuestro Señor Dios, que es el que adoramos y creemos, y nos da la vida y la muerte y nos ha de llevar á los cielos;» y se les declaró otras muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, y ellos á todo callaban.

222