oro que se habia habido, así rescatado como los presentes que nos envió Montezuma; y respondió Cortés que era muy bien acordado y que ya lo habia puesto él en plática con ciertos caballeros; y porque en lo del oro por ventura habria algunos soldados que querrian sus partes, y si se partiese que seria poco lo que se podria enviar, por esta causa dió cargo á Diego de Ordás y á Francisco de Montejo, que eran personas de negocios, que fuesen de soldado en soldado de los que se tuviese sospecha que demandarian las partes del oro, y les decian estas palabras:
—«Señores, ya veis que queremos hacer un presente á su majestad del oro que aquí hemos habido, y para ser el primero que enviamos destas tierras habia de ser mucho más; parécenos que todos le sirvamos con las partes que nos caben; los caballeros y soldados que aquí estamos escritos tenemos firmado cómo no queremos parte ninguna della, sino que servimos á su majestad con ello porque nos haga mercedes. El que quisiere su parte no se le negará; el que no la quisiere, haga lo que todos hemos hecho, fírmelo aquí.»
Y desta manera todos lo firmaron á una.
Y hecho esto, luego se nombraron para procuradores que fuesen á Castilla á Alonso Hernandez Puertocarrero y Francisco de Montejo, porque ya Cortés le habia dado sobre dos mil pesos por tenelle de su parte.
Y se mandó apercebir el mejor navío de toda la flota, y con dos pilotos, que fué uno Anton de Alaminos, que sabia cómo habian de desembarcar por la canal de Bahama, porque él fué el primero que navegó por aquella canal; y tambien apercibimos quince marineros, y se les dió todo recaudo de matalotaje.
Y esto apercebido, acordamos de escribir y hacer saber á su majestad todo lo acaecido, y Cortés escribió por sí, segun él nos dijo, con recta relacion; mas no vimos su carta; y el Cabildo escribió juntamente con diez