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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XCVII.

Á esto digo que en aquel tiempo todos nosotros, y aun el mismo Cortés, cuando pasábamos delante del gran Montezuma le haciamos reverencia con los bonetes de armas, que siempre traimos quitados, y él era tan bueno y tan bien mirado, que á todos nos hacia mucha honra; que, demás de ser Rey desta Nueva-España, su persona y condicion lo merecia.

Y demás de todo esto, si bien se considera la cosa en que estaban nuestras vidas, sino en solamente mandar á sus vasallos le sacasen de la prision y darnos luego guerra, que en ver su presencia y real franqueza lo hicieran.

Y como viamos que tenia á la contina consigo muchos señores que le acompañaban, y venian de léjas tierras otros muchos más señores, y el gran palacio que le hacian y el gran número de gente que á la contina daba de comer y beber, ni más ni ménos que cuando estaba sin prision; todo esto considerándolo Cortés, hubo mucho enojo de cuando lo supo que tal palabra le dijese, y como estaba airado dello, de repente le mandó castigar como dicho tengo; y fué bien empleado en él.

Pasemos adelante y digamos que en aquel instante llegaron de la Villa-Rica indios cargados con las cadenas de hierro gruesas que Cortés habia mandado hacer á los herreros. Tambien trujeron todas las cosas pertenecientes para los bergantines, como dicho tengo; y así como fué traido se lo hizo saber al gran Montezuma.

Y dejallo hé aquí, y diré lo que sobre ello pasó.

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