ventura, como sus principales son muchos, y sus sobrinos é parientes le vienen cada dia á decir que será bien darnos guerra y sacallo de prision, que cuando lo vean fuera que le atraerán á ello, é que no queria ver en su ciudad revueltas, é que si no hace su voluntad, por ventura querrán alzar á otro señor; y que él les quitaba de aquellos pensamientos con decilles que su dios Huichilóbos se lo ha enviado á decir que esté preso.
É á lo que entendimos é lo más cierto, Cortés habia dicho á Aguilar, la lengua, que le dijese de secreto que aunque Malinche le manda salir de la prision, que los capitanes nuestros é soldados no querriamos. Y como aquello le oyó, el Cortés le echó los brazos encima, y le abrazó y dijo:
—«No en balde, señor Montezuma, os quiero tanto como á mí mismo.»
Y luego el Montezuma demandó á Cortés un paje español que le servia, que sabia ya la lengua, que se decia Orteguilla, y fué harto sospechoso así para el Montezuma como para nosotros, porque de aquel paje inquiria y sabia muchas cosas de las de Castilla el Montezuma, y nosotros de lo que decian sus capitanes; y verdaderamente le era tan buen servicial, que lo queria mucho el Montezuma.
Dejemos de hablar cómo ya estaba el Montezuma contento con los grandes halagos y servicios y conversaciones que con todos nosotros tenia, porque siempre que ante él pasábamos, y aunque fuese Cortés, le quitábamos los bonetes de armas ó cascos, que siempre estábamos armados, y él nos hacia gran mesura y honra á todos: y digamos los nombres de aquellos capitanes de Montezuma que se quemaron por justicia, que se decia el principal Quetzalpopoca y los otros se decian el uno Coatl y el otro Quiabuitle y el otro no me acuerdo el nombre, que poco va en saber sus nombres.
Y digamos que como este castigo se supo en todas las provincias de la Nueva-España, temieron, y los pueblos de la costa adonde mataron nuestros soldados volvieron á servir muy bien á los vecinos que quedaban en la Villa-Rica.