Y no puedo dejar de traer aquí á la memoria las redes de maderos gruesos que en ella hallamos; las cuales tenian llenas de indios y muchachos á cebo, para sacrificar y comer sus carnes; las cuales redes quebramos, y los indios que en ellas estaban presos les mandó Cortés que se fuesen adonde eran naturales, y con amenazas mandó á los capitanes y papas de aquella ciudad que no tuviesen más indios de aquella manera ni comiesen carne humana, y así lo prometieron.
Mas, ¿qué aprovechaban aquellos prometimientos, que no lo cumplian? Pasemos ya adelante, y digamos que aquestas fueron las grandes crueldades que escribe y nunca acaba de decir el señor obispo de Chiapa, don fray Bartolomé de las Casas; porque afirma y dice que sin causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo y porque se nos antojó, se hizo aquel castigo.
Y tambien quiero decir que unos buenos religiosos franciscos, que fueron los primeros frailes que su majestad envió á esta Nueva-España despues de ganado Méjico, segun adelante diré, fueron á Cholula para saber y pesquisar é inquirir cómo y de qué manera pasó aquel castigo, é por qué causa, é la pesquisa que hicieron fué con los mismos papas é viejos de aquella ciudad; y despues de bien sabido dellos mismos, hallaron ser ni más ni ménos