Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que habia en estas tierras muchas buenas aves de caza de volatería; y el Montezuma estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó á su paje Orteguilla sobre la plática, y le respondió que deciamos aquellos capitanes que el gavilan que entró á cazar era muy bueno, é que si tuviésemos otro como aquel que le mostrarian á venir á la mano, y que en el campo le echarian á cualquier ave, aunque fuese algo grande, y la mataria.
Entónces dijo el Montezuma:
—«Pues yo mandaré agora que tomen aquel mismo gavilan, y veremos si le amansan y cazan con él.»
Todos nosotros los que allí nos hallamos le quitamos las gorras de armas por la merced; y luego mandó llamar sus cazadores de volatería, y les dijo que le trujesen el mismo gavilan; y tal maña se dieron en le tomar, que á horas del Ave-María vienen con el mismo gavilan, y le dieron á Francisco de Acevedo, y le mostró al señuelo; y porque luego se nos ofrecieron cosas en que iba más que la caza, se dejará aquí de hablar en ello.
Y helo dicho porque era tan grande Príncipe, que no solamente le traian tributos de todas las más partes de la Nueva-España, y señoreaba tantas tierras, y en todas bien obedecido, que aun estando preso, sus vasallos temblaban dél, que hasta las aves que vuelan por el aire hacia tomar.
Dejemos esto aparte, y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de cuando en cuando su rueda. En aqueste tiempo tenian convocado entre los sobrinos y deudos del gran Montezuma á otros muchos caciques y á toda la tierra para darnos guerra y soltar al Montezuma, y alzarse algunos dellos por Reyes de Méjico; lo cual diré adelante.